Las músicas de Seydu inundan la Galileo Galilei

Una repleta Sala Galileo Galilei acogió el miércoles 1 de febrero la presentación de “Sadaka”, el nuevo trabajo de Seydu. Acompañado de teclado, guitarra, bajo y batería, el artista de Sierra Leona afincado desde hace décadas en Madrid hizo gala de su carisma personal y artístico en una velada en la que también estuvo presente la cantante saharahui Mariem Hassan.

“Desert rose”, la rosa del desierto, último tema de “Sadaka” (Boa Music, 2016), fue el elegido para abrir boca la boca al público asistente. Y qué mejor manera que recordando la memoria de Mariem Hassan, cuya imagen se proyectaba sobre el escenario bajo la atenta mirada de Manuel Domínguez. El director de la productora NubeNegra propició el inicio de la carrera en solitario de Seydu y fue el más leal acompañante e impulsor de la trayectoria artística y personal de Mariem, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. El bailarín Tony Ondo Abeso acompañó el tema con su coreografía.

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Como el propio Seydu nos recordó “todos recordamos cómo ella [Mariem Hassan] con su voz intentó echar raíces, las raíces de un pueblo que, tristemente, se van perdiendo en el tiempo y que todavía se buscan”, refiriéndose a la situación del pueblo saharaui.

El conjunto se entonaba con “Sadaka”, “la ofrenda” en fula (origen materno del artista), tema en que Seydu se acompaña del “dusunguny” o arpa del cazador, y título del disco. Como él mismo contaba en la presentación del álbum el pasado noviembre, “no hay mejor regalo que recibir, ya que cuando das, recibes”. Una enseñanza que el sierraleonés conoce muy bien, tanto por su trayectoria vital como profesional desde que llegara a Occidente como polizón a finales de los 80. Tanto su propia experiencia como una profunda reflexión personal y el deber moral de devolver lo aprendido durante su carrera en España, le impulsaron a la creación de la Diamond Childs School of Arts and Culture en Freetown.

También la llamada de Yemanyá, diosa del mar que llama a sus hijos de vuelta a la tierra madre y les ofrece agua de beber de su pecho, como reconocía Seydu en la presentación del tema dedicado a ella, “Mamiwata”, al que ya le compuso una canción en su álbum de début “Freetown” (NubeNegra, 1998). El ángel del agua pasó dejando un ambiente más relajado entre los músicos, que ya empezaban a atreverse con los solos.  

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Seydu iba pasando por diferentes instrumentos, que él mismo fabrica: el citado “dusunguny”, “kongomas” de formas diversas (1) , y las percusiones (“tama” o tambor de axila y “kelei”). Al tiempo, la naturaleza nutricia seguía alimentándonos: era el momento de que Mamiwata nos llevara a “un río que da de beber de muchas maneras, y que tiene muchos nombres: unos lo llaman Nilo blanco, otros Nilo Azul: “River Sewa”, en palabras de Seydu. La corriente comercial más importante de Sierra Leona y uno de los temas más fuertes de “Sadaka”.  A estas alturas del espectáculo, una se preguntaba por qué el público no se había puesto ya a bailar: quizá lo que el baile expresa en África, en Europa lo hagan los aplausos.

Un ambiente recogido, como de oración, inundó de repente en la sala al ritmo de “Good sababu”. Una “canción de cuna que canta la madre a su hija porque dentro de nosotros existe ese bien que le hacemos a los demás; es algo así como el buen samaritano: para ser felices tenemos que ser ser buenos con nosotros mismos”. Sabias palabras. 

Y llegaba el momento de volver a África con el tema que abre “Sadaka”, a modo de alegato. Otro de los instantes mágicos de la noche y todo un leitmotiv: “Una canción que tiene unas raíces muy profundas porque África siempre nos ha llamado para que volvamos a nuestra tierra”, convicciones personales que Seydu siempre comparte y ha llevado a la práctica manteniendo el contacto con su país de origen. “Return, return to Africa, return, return your love to Africa”: “Vuelve, vuelve a África, devuelve tu amor a África”.

Con la potente “Ashé”, palabra clave para el saludo entre dos espíritus, Seydu se despedía: “es mi única forma de agradecerles a todos ustedes haber estado aquí esta noche y seguir siendo parte de mí”.

Imágenes por cortesía de ©Paco Manzano.


(1) Dependiendo de su procedencia geográfica, ya que es un instrumento extendido por gran parte del continente africano, a la “kongoma”también se le llama “kalimba”, “mbira” o “sanza”, etc. A una caja de resonancia de diferentes formas, normalmente una calabaza o una caja de madera, se le añaden unas láminas de metal que -al ser pulsadas con los pulgares- emiten su característico sonido como de gotas de agua.
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Acerca de Eva Feito Casado

Historiadora del arte especializada en culturas africanas y Máster euro-africano en “Cultura y Desarrollo en África”. Entiendo las manifestaciones culturales como productos híbridos y vivos. Me interesan la literatura, la música y la danza contemporáneas, el cine, y cómo estos reflejan las migraciones, la diáspora y la mirada femenina del mundo. Intento contribuir a la visibilización de África reflejando la creatividad del continente desde una óptica positiva.
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