Reconocimiento al periodismo veraz sobre África en español

El afán protagonista está bien alejado de quienes nos interesamos y escribimos sobre el continente africano. Creo que el mejor reconocimiento es que las historias que unx escribe sean leídas, que ya es difícil y luego, a ser posible, que lleguen a la gente, les toquen, hagan pensar, reflexionar. Más difícil es que les hagan salir de su zona de confort, pero “haberlas haylas”.

El trabajo de los fotoperiodistas y cronistas es como una labor de hormiga, de esas que poco a poco van haciendo camino. Algunos de ellos han tenido que esperar lustros para que su labor sea oficialmente reconocida, otros tantos no han recibido esos honores -lo más probable es que no les importe-, y algunos más no los recibirán nunca (la mayoría).

A pesar de ello, y por mucho que se diga lo contrario, parece que siempre se agradece no un reconocimiento, quizás más por la visibilización de los asuntos y las realidades que tratan que por la recompensa (profesional, ética y/o económica) en sí misma. Así somos.

La pérdida de Miguel de la Quadra-Salcedo el pasado 20 de mayo ha tenido la contrapartida positiva del reconocimiento de dos de los periodistas especializados en el continente africano más activos de la actualidad. La catalana Gemma Parellada (Barcelona, 1982)  y el teldense José Naranjo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971), que desde sus centros logísticos en Abidjan (Costa de Marfil) y Dakar (Senegal) desarrollan su carrera periodística informando a través de distintos medios de comunicación.

parellada

Gemma Parellada en RDC, foto extraída de su página de Facebook.

Parellada ha sido galardonada con el XIII Premio de Periodismo Miguel Gil Moreno, promovido por la Fundación Miguel Gil Moreno y Penguin Random House Grupo Editorial desde 2002 en recuerdo del corresponsal de guerra Miguel Gil, muerto en 2000 en una emboscada mientras informaba sobre el conflicto de Sierra Leona. A pesar de su juventud -o quizás por este motivo- el jurado del fallo valoró “su excelente trayectoria profesional, su valentía y su profundo compromiso con la verdad, que tanto recuerda a Miguel Gil”, así como “el empeño de denunciar al mundo, a través de sus crónicas, injusticias sobre todo las del silenciado continente africano” (1).

Fotogalería “Una década sin Miguel Gil” (diario “El País”, 25/05/2010).

Reproducimos el emotivo discurso pronunciado por el fotoperiodista Gervasio Sánchez durante la entrega del galardón a Gemma Parellada:

“Queridas amigas, queridos amigos:

En primer lugar quiero dar las gracias a los organizadores del XIII Premio de Periodismo Miguel Gil Moreno por haberme invitado a esta entrega. Ellos, mejor que nadie, saben lo que significa para mí.
Ya han pasado 16 años años y me cuesta olvidar lo ocurrido en Sierra Leona aquel miércoles 24 de mayo de 2000. De cuando en cuando la memoria me juega una mala pasada y decide retorcer mi tranquilidad anímica con una punzada de dolor.
La muerte de un compañero recuerda la violencia de una explosión de una bomba de gran calibre. Sus consecuencias son estremecedoras. La sufren eternamente sus seres más queridos. La lloran sus compañeros de oficio. Produce tal descalabro que muchas personas necesitan años para superar sus consecuencias.
Sus efectos colaterales son infinitos. La muerte de Miguel Gil (también la de su compañero Kurk Schork) aquel 24 de mayo en una carretera perdida dejó huérfana de imágenes a un país embarrancado en una guerra civil.
Hasta entonces esa guerra había sido cubierta a trompicones con picos mediáticos asombrosos y largas temporadas de olvido total. Desde entonces el conflicto quedó hundido en el ostracismo.
Sé que Miguel Gil no estaría muy contento con lo que hoy ocurre en el periodismo español. Tenía muy claro por qué había abandonado una cómoda posición en esta ciudad.
Sabía que sólo la pasión y el compromiso podían sostener los cimientos de su nueva vida dedicada a entregarse a las víctimas de las guerras, la única verdad incuestionable. Creía en unos principios básicos que ayudan a no arrojar la toalla en las situaciones más desoladoras.
Alucinaría al saber que algunos medios están contra las cuerdas porque sus directivos han asaltado las arcas como si fueran burdos atracadores y se han llevado millones de euros en indemnizaciones pactadas en vergonzosos contratos blindados.
Alucinaría al saber que esas mismas empresas han tenido que realizar ERES traumáticos dejando sin trabajo a hombres y mujeres y condenándoles laboralmente a edades tempranas.
Alucinaría al saber que estas prácticas, que tienen más que ver con el despotismo y la ambición que con la decencia y la moralidad, se producen ante el silencio generalizado en aras de un falso liberalismo empresarial que ha reducido la lógica laboral a un mero insulto.
Me alegro mucho de que el XIII Premio Miguel Gil Moreno haya reconocido a una periodista como Gemma Parellada, especializada en África.
Porque, a pesar de su juventud, su curriculum es impecable y es admirable su terquedad por seguir documentando e informando sobre un continente maldito en los medios de comunicación españoles desde siempre.
¿Se imaginan cubrir Estados Unidos, Rusia, Japón, la Unión Europea, Oriente Medio con un periodista desde una redacción que se tiene que pelear con sus jefes para viajar de cuando en cuando a los países de los que informan? ¿O cubrirlo con un periodista autónomo al que se le maltrata y se le mal paga?
Dirán ustedes que estoy exagerando ya que en Washington, Bruselas, París, Londres, Moscú, Tokio se deciden los acontecimientos más importantes del mundo y se generan muchas noticias.
No lo dudo aunque sí dudo que un periodista sentado en una oficina costosa en una gran capital europea o estadounidense (algunos no salen nunca de sus despachos) sea más eficaz que ese mismo periodista en la oficina central de su medio.
A veces me sorprende lo fácil que es gastarse el dinero en despachos de lujo y lo difícil que es apostar por el periodismo a pie de calle.
Es el eterno debate. ¿Dedicamos el presupuesto a la parafernalia o la invertimos en periodismo puro y duro como el que hacía Miguel Gil o hace Gemma Parellada?
La mayoría de los medios han renunciado al gran periodismo que alabamos en las necrológicas de reporteros que han muerto en los últimos años como Manu Leguineche, Enrique Meneses, Miguel de la Cuadra Salcedo o Fernando Mújica.
Sólo pido algo de coherencia a los señores empresarios de la comunicación: que inviertan en los platos fuertes del periodismo y eviten gastarse el dinero en el copete aunque les de buen resultado a corto plazo.
Porque el cortoplacismo es la muerte de la esperanza y la puntilla definitiva del periodismo.
Querida Gemma: espero que este premio te sirva para seguir trabajando con la misma honestidad e intensidad que has demostrado hasta ahora.
Me gusta que el jurado haya apostado por una periodista emergente. Lo más cómodo es ir a lo seguro. Pero ya hay muchos premios con esa tendencia. Lo valiente es arriesgar. Contigo lo han hecho.
Cuando miro tu curriculum me cuesta creer que apenas tengas treinta y pocos años. Has trabajado en tantos sitios duros en la última década como República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Zimbabue, Ruanda, Somalia, República Centroafricana, Níger, Burkina Faso, que tu biografía se asemeja a la de una veterana africanista.
Te has empapado de África sin necesidad de ir reivindicándolo a cada paso. En eso me recuerdas a Miguel Gil: huía del protagonismo como si fuera una lacra. Y al mismo tiempo no te has quedado en la superficialidad del bang bang, esa fijación tan poco periodística de reducir la crisis de un país al más puro sensacionalismo bélico.
Te has preocupado por dar cobertura a “los fenómenos sociales y culturales que están redibujando el continente”, tal como tú misma dices en tu curriculum. Te han interesado los festivales artísticos y culturales, el cine y la fotografía africanos, tan creativos y tan olvidados.
Me han dicho que, además, eres muy valiente. Ser valiente en el periodismo es medir los pasos antes de darlos, pero nunca dejar de darlos.
No te has quedado en la superficialidad del enviado especial que apenas conoce el trayecto entre el corazón del drama y la habitación del hotel. A veces entre la barra del bar y la habitación del mismo hotel.
No has caído en el reduccionismo de transmitir África como si fuera un solitario país de 1.200 millones de habitantes repleto de salvajes que te van a asaltar si te descuidas.
Sé que no es fácil trabajar en África. Mejor sería decir: no es fácil trabajar como tú lo haces ni en África ni en ninguna parte.
Perteneces a la generación mejor preparada de la historia del periodismo español y, al mismo tiempo, condenada a vivir en la inseguridad económica durante años y décadas.
Olvídate de encontrar un trabajo fijo. Pero si te lo ofrecen te cortaran las alas. Y si lo aceptas te arrepentirás. Hazme caso: sigue volando en solitario y despréndete de cualquier obligación que te impida continuar el camino que te has marcado. Serás inmensamente más pobre, pero vivirás custodiada por un concepto malgastado: la autenticidad.
El horror en el periodismo es asistir a la debacle formando parte de una orquesta desgastada obligada a tocar en silencio las piezas que sus miembros no desean.
La esencia en el periodismo es buscar la singularidad personal que nada tiene que ver con mirarse al ombligo. Es rascar en las historias para quitarles las capas de superficialidad y conseguir que decenas de miles de personas se interesen y se emocionen por lo que haces aunque vivan a miles de kilómetros.
La emoción en el periodismo es encontrar los puentes de entendimiento entre el trabajo bien hecho y una sociedad perpetuamente paralizada por el conformismo.
El mejor premio en el periodismo es avanzar cada día en un mundo turbulento sin que nadie pueda tumbar tus ideales.
No lo diría si no lo creyese, querida Gemma. Vas encaminada a convertirte en una periodista de referencia. Muchas felicidades por ser como eres en la vida y en el periodismo”.

Por su parte, Pepe Naranjo recogió ayer -Día de Canarias- el galardón del Premio Canarias de Comunicación 2016 en el Auditorio Alfredo Kraus a los pies de la playa de Las Canteras de la capital grancanaria.

naranjo tuareg

José Naranjo en un rincón del desierto de Mauritania. Fotografía de Alfredo Cáliz.

Las palabras del discurso del periodista canario, con su tan veraz a la par que sobrecogedor estilo al que nos tiene acostumbrado a los seguidores de sus escritos:

“Señor Presidente del Gobierno de Canarias, Señora Presidenta del Parlamento de Canarias, Señora Vicepresidenta del Gobierno de Canarias, Señoras y Señores Presidentes de los Jurados de los Premios Canarias, Premios Canarias, Medallas de Oro, Señoras y Señores,

Muy buenas noches

Hoy hace justo trece días estaba en un pequeño pueblo de Guinea Conakry, muy cerca de la frontera con Liberia, llamado Koropará. Allí, en medio de esa inmensa selva que es la Guinea Forestal, tuve la fortuna de conocer a una niña de 8 años llamada Tonhon Bolamou, uno de los últimos casos de esa devastadora epidemia de Ébola que ha costado la vida a más de 10.000 personas en los últimos dos años y medio.

Durante nuestra charla, Tonhon estuvo casi todo el tiempo rodeada de adultos, pero ninguno se le acercó demasiado. Aún hay miedo en Guinea, un miedo legítimo teniendo en cuenta la dimensión de lo que ha pasado, pero que hunde sus raíces en el desconocimiento, en los rumores, en los prejuicios. Lo cierto es que Tonhon no puede contagiar a nadie porque hace ya más de un mes que superó la enfermedad. Pero el miedo te atrapa, te paraliza, te convierte en un ser irracional.

Poco después, acompañé a Tonhon de vuelta al colegio. Las clases ya habían acabado y diez o doce chiquillos jugaban en un cruce del pueblo. Nada más verla, corrieron hacia ella, que agachaba la cabeza, toda timidez, rodeada de una nube de manos y achuchones. Esa misma tarde, en la soledad de mi habitación de N’zérékoré, empecé a escribir este discurso. Y no podía dejar de pensar cuan necesitados estamos de esos niños, mejor aún, qué bien nos vendría ser un poco como ellos.

Vivimos rodeados de miedos y prejuicios. Al igual que los ruedines de las bicicletas pueden ser útiles. Durante un tiempo. Porque llega un día en que hay que desprenderse de ellos, mirar al frente y empezar a pedalear sin ayuda. Tenemos que caernos para poder volver a levantarnos, tenemos que golpearnos con la realidad. Tenemos que hacernos las preguntas correctas y buscar las respuestas adecuadas. Como individuos, pero también como sociedad, como proyecto colectivo de convivencia que somos.

Existe toda una arquitectura del temor que levanta muros a nuestro alrededor. Nos dicen “no subas a esa montaña que te puedes caer” y nos perdemos la vista magnífica que hay desde la cima. “No ames, que serás engañado”, “no te comprometas, no vale la pena”, “no viajes, no descubras, no arriesgues”. Y el miedo nos paraliza.

Lo que está pasando hoy en Europa es la mejor muestra del tiempo que nos ha tocado vivir. Que los refugiados sirios o afganos que huyen de la guerra cargando con sus niños en brazos, durmiendo en las vías del tren, sean recibidos a golpe de valla, policía y gases lacrimógenos es tan vergonzoso, tan irracional, que acabará por destruirnos a todos. Querida Europa, no hay concha suficientemente gruesa en el mundo en la que te puedas esconder de tu propio fracaso. Que la extrema derecha se esté subiendo a las barbas del sistema en países como Francia, Austria o Alemania es, cuando menos, inquietante.

Y sin embargo esto no es nuevo. En Canarias sabemos de esos miedos. Durante más de una década fuimos la puerta trasera de entrada a Europa para decenas de miles de jóvenes africanos. Aún recuerdo aquella agitación, aquellos titulares de prensa que hablaban de invasión, aquellos políticos que se tiraban las pateras a la cabeza, aquellas manifestaciones xenófobas. Fueron años oscuros.

Pero Canarias no es, no puede ser eso. Primero, por el lugar en donde estamos. Nos toca elegir. Valla o puente, seguir reaccionando atrapados en el miedo o recuperar una mirada más amplia de lo que somos, de lo que fuimos un día y de aquello en lo que nos queremos convertir. Viajamos en el mismo barco que nuestros vecinos del continente africano, sus cuitas también son las nuestras, lo que les pasa a ellos nos pasa a nosotros. En este mundo ya no hay compartimentos estancos.

Y, en segundo lugar, porque no podemos olvidar. Nuestros padres, nuestros abuelos y bisabuelos, nos han dejado toda una lección de vida. Ya fuera porque no había para comer o porque se les perseguía por pensar diferente, muchos se hicieron a la mar. Argentina, Uruguay, Cuba o Venezuela saben de nuestra firmeza, de nuestra determinación. Saben que los isleños, llegado el caso, estamos dispuestos a jugárnosla por encontrar un buen puerto donde arrimar el bote. La grandeza de este legado de esfuerzo y sacrificio es que nos hace exactamente iguales a los que hoy se hacinan en los campamentos de refugiados de Grecia o ayer se ahogaban bajo el alfeizar de nuestras ventanas en las playas de Gran Canaria, Tenerife o Fuerteventura.

En estos días en que, como dice el sociólogo portugués Boaventura da Sousa, el mito romántico de la Europa defensora de los Derechos Humanos se desmorona ante nuestros ojos, en que la exclusión forma parte del paisaje que habitamos, el recuerdo poderoso de quiénes fuimos debe iluminarnos el camino. No es una maldición, ningún dios atávico nos condena a que lo hagamos tan mal. Las cosas pueden cambiar y hay gente que se esfuerza en que este mundo sea un hogar mejor para todos.

Esta noche tengo la gran suerte de compartir esta distinción del Premio Canarias con Luis Mateo López Rivero. Su trabajo en ese continente, que por muchas razones también es el nuestro, en concreto en un país que se encuentra entre los diez más pobres del mundo y que ha atravesado el calvario de una larga guerra civil como es Mozambique, nos habla de sus desvelos, de su empeño y de su capacidad para ir más allá y sembrar esperanza, de la que tan necesitados estamos.

En África, millones de personas viven en condiciones peores que las del peor campo de refugiados. Y, sin embargo, son invisibles. Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa, que es el gran motor del desarrollo personal, que es a través de la educación cómo “la hija de un campesino puede convertirse en médico o el hijo de trabajadores agrícolas en presidente de una gran nación”. El doctor López Rivero está en ello, convencido de que la formación es la palanca del cambio. Sus resultados le avalan.

En la provincia mozambiqueña de Tete, donde se encuentra la facultad de Medicina de la Unizambeze, la esperanza media de vida es de 42 años y hay un médico por cada 50.000 habitantes. Para dos millones de personas, la misma población que Canarias,  cuentan con un cirujano, dos internistas, un ginecólogo y dos pediatras. Necesitaban profesorado para formar nuevos médicos y en 2010 pidieron ayuda a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que no dudó en recoger ese guante.

Desde que comenzó la docencia en febrero de 2012 hasta noviembre de 2015 y bajo la dirección del doctor López Rivero se han desplazado hasta allí unos 45 profesores canarios, el auténtico corazón gracias al que late este proyecto, sin retribución económica y en la mayoría de las ocasiones dedicando a ello su tiempo libre. Pero los frutos ya han empezado a llegar. En estos cuatro años se han licenciado 60 médicos mozambiqueños, casi todos trabajando en la actualidad. Cuatro de ellos se incorporan este año como profesores del primer ciclo de la Facultad, colaborando en la formación práctica de los estudiantes y con los profesores de la ULPGC.

Además de las estancias de estudiantes mozambiqueños aquí y de canarios allí, fruto de esta colaboración se han iniciado distintos proyectos de investigación en los que participan estudiantes y médicos de Tete. De cara al futuro, ya están en la tarea de desarrollar el sistema de tele formación interactiva, un programa de doctorado y la formación de médicos especialistas que garanticen la sostenibilidad del programa. Como dice el propio Luis López, con el mismo dinero con el que se hubiera enviado a tres médicos europeos a África durante cuatro años han conseguido formar a 60 médicos locales. Ahí radica la diferencia.

Al igual que los besos y abrazos que prodigan sus amigos a Tonhon Bolamou, la niña que estuvo enferma de Ébola de la que les hablaba antes, desde hace una década la Asociación Pequeño Valiente dedica sus esfuerzos a dar amor y cobijo a los niños enfermos de cáncer en las Islas y a sus familias. En ese tiempo ha superado innumerables obstáculos que les restaban calidad de vida, pero poco a poco fueron dando respuesta a las barreras con las que se encontraban no sólo en la planta de oncohematología del hospital Materno-Insular, sino  también en la sociedad en general.

Empezaron remodelando la propia planta, donde los niños y las familias pasan largos meses, convirtiéndola en una especie de segunda casa. Cambiaron los fríos y duros sillones por sofás-cama, pusieron televisores para amenizar las horas. Consiguieron aparcamiento gratis para los padres y bandejas de comida, evitando un gasto extra en alimentación a los acompañantes. Remodelaron el parque que hay en el solárium para que los niños pudieran salir y disfrutar del sol y el aire fresco durante sus estancias hospitalarias.

José Jerez, presidente de Pequeño Valiente, me pide que no me olvide de nombrar a los voluntarios, chicos y chicas que de forma altruista realizan actividades y hacen compañía a los niños durante varias horas a la semana. Pero pese a todo este esfuerzo se dieron cuenta de que no era suficiente. También había niños de otras islas que debían desplazarse para recibir tratamiento en Gran Canaria o en Tenerife y fue así como nacieron los pisos-hogar de Pequeño Valiente en ambas provincias, para que los padres de cualquiera de las Islas Canarias no tuvieran que preocuparse por el gasto que supone pagar hoteles durante un tiempo indefinido.

Tampoco nos podemos olvidar de la lucha por el 33% de minusvalía, derecho del que estaban privados los niños de Las Palmas, y que gracias al apoyo del pueblo y las instituciones canarias consiguieron. Pero no queda ahí la cosa, Pequeño Valiente ya sueña con poner en marcha un Centro Multidisciplinar en el que dar respuesta a las secuelas que sufren estos niños, en el que un psicólogo, un maestro, un logopeda y un fisioterapeuta se encargarían de la rehabilitación de los pequeños. Cada vez están más cerca de que ese sueño se haga realidad.

Podríamos hablar toda la noche de sus logros, porque el cáncer no entiende de horarios ni de clases sociales. Su lucha ha sido constante y muchas de esas victorias han sido gracias a ustedes. ¿Se puede imaginar una tarea mejor? ¿No son el doctor Luis López Rivero y este esforzado grupo de padres, madres y voluntarios una acertada muestra de que la semilla del trabajo bien hecho, el que puede cambiar el mundo, está plantada en todos nosotros y de que sólo tenemos que dejarla crecer?

Seamos claros. Nos toca elegir. Venimos, estamos aún en un tiempo en que la corrupción ha sacudido los cimientos de nuestro edificio, en que los recortes a nuestros derechos han condenado a decenas de miles de personas al frío extremo de la pobreza sobrevenida, de la miseria. Los grandes poderes económicos, aliados con políticos pacatos, irresponsables y con querencia a meter la mano en la saca nos han traído hasta aquí. Las alarmas resuenan en todos los rincones. Pero estamos a tiempo si vencemos a nuestros propios temores.

La tarea empieza hoy y nos concierne a todos. Somos capaces de cambiar el rumbo. En muchos momentos de nuestra historia los medios de comunicación han jugado un papel clave en la denuncia de las derivas del sistema. Me siento orgulloso de haber trabajado codo con codo junto a grandes periodistas aquí en Las Palmas gracias a los que hoy estoy aquí hablándoles a ustedes, personas que creían en este oficio de contar como motor de cambio, como ejercicio de responsabilidad. A todos los llevo en la mochila. Esa fue mi verdadera escuela. De ellos aprendí a escuchar, la importancia de la proximidad, el respeto por la verdad y por los protagonistas de tus historias, cómo hilvanar una crónica, un reportaje.

Por eso me duele ver cómo en este país los medios de comunicación están siendo privados de la mejor materia prima con que cuenta nuestro oficio, los periodistas. Me duelen los expedientes de regulación de empleo, las condiciones de miseria a las que nos pretenden someter. No se dejen engañar. Del circo tóxico de la manipulación sólo podrán rescatarnos quienes se arriesgan, quienes se la juegan, quienes tienen miedo cada día pero son capaces de vencerlo. En Las Palmas, en Tenerife, en Madrid o en la aldea más perdida del continente africano.

Me pide el doctor López Rivero que no me olvide de los médicos. Y tiene razón. Una legión de doctores y enfermeros recorre el mundo salvando las vidas de aquellos que nada tienen más que sus vidas. Terremotos, epidemias o guerras no son obstáculos suficientes para que lleguen a los rincones más alejados. Y muchas veces es gracias a ellos que nos enteramos de lo que está pasando realmente en lugares excluidos de los focos de la información. Su labor humanitaria, pero también de denuncia, es impagable.

Recibir hoy este premio es un honor inmenso, mucho más porque viene de los tuyos. Los tres premiados queremos agradecer de corazón a quienes propusieron nuestras candidaturas, a los miembros del jurado por su confianza y a nuestras familias por su constante apoyo, sobre todo en los tiempos difíciles, que han sido muchos y seguro que algunos quedan por venir. El auditorio está lleno de gente y sin embargo echamos de menos a algunos. Los padres del doctor López Rivero, recientemente fallecidos, canarios hasta la médula se hubieran sentido orgullosos esta noche, igual que la persona que me enseñó a leer y estimuló como pocas mi curiosidad por el mundo, mi madre, que se fue hace ya siete años. A ellos y a los niños canarios que sufren cáncer y se enfrentan a él con valentía y coraje cada día, estos premios también les pertenecen.

Muchas gracias.

Gracias a Gervasio Sánchez y al periódico “Canarias 7” por la transcripción de los discursos (2).

Enhorabuena a Gemma Parellada y a Pepe Naranjo.

Y, sobre todo, gracias por “estar ahí” y contárnoslo.

————————————————————————–

(1) Declaraciones recogidas por la agencia Europa Press: http://www.europapress.es/nacional/noticia-reportera-gemma-parellada-xiii-premio-periodismo-miguel-gil-moreno-excelente-trayectoria-profesional-20160523174700.html (consultada el 31/05/16).

(2) Discurso de Gervasio Sánchez en la entrega del XIII Premio de Periodismo Miguel Gil Moreno: https://www.facebook.com/gervasio.sanchez.3/posts/1115089245180071 y discurso de José Naranjo transcrito y publicado por “Canarias 7”: http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=421751 (consultadas el 31/05/16).

 

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Acerca de Eva Feito Casado

Historiadora del arte especializada en culturas africanas y Máster euro-africano en “Cultura y Desarrollo en África”. Entiendo las manifestaciones culturales como productos híbridos y vivos. Me interesan la literatura, la música y la danza contemporáneas, el cine, y cómo estos reflejan las migraciones, la diáspora y la mirada femenina del mundo. Intento contribuir a la visibilización de África reflejando la creatividad del continente desde una óptica positiva.
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