La “filosofía Baye Fall” se hace universal a través de la música

El pasado 19 de octubre pudimos asistir al recital de uno de los mayores representantes actuales del mestizaje musical del África occidental, y quizá el músico Baye Fall(1) más afamado, junto con Moussa Ngom, cantante de mbalax senegalo-gambiano recientemente fallecido. Cheikh(2) Ndiguel Lô (Bobo Dioulasso, Burkina Faso, 1955) vino acompañado de un conjunto de cinco músicos y nos regaló su ecléctica música en una Galileo Galilei cuyo aforo evidenciaba la escasa difusión del evento, que se celebró -para más inri- un martes por la noche.

“Bamba” fue el tema elegido para abrir el espectáculo, también el primero del nuevo LP de Lô, su quinto álbum de estudio, producido este año por la discográfica francesa Chapter Two. Y esta selección no es casualidad, ya que el artista senegalés es talibe(3) de Ibrahima Fall -el célebre compañero de Ahmadou Bamba- considerado fundador de la escisión Baye Fall de la cofradía murid o Muridiya. El muridismo es una de las adscripciones musulmanas más profesadas en Senegal, y se considera que fue iniciado por los seguidores de “Serigne” o “Borom Touba” (“el señor o el dueño de Touba”, en wolof), nombre popular de Ahmadou Bamba, figura histórica y religiosa clave en el Senegal contemporáneo y su descolonización de Francia. Y es que Touba hoy día es la ciudad santa de los murid, cuya gran mezquita se ha convertido en “La Meca” senegalesa en medio del Sahel, hacia la que todos los años se realiza la peregrinación del “Magal”, fiesta que homenajea la partida de Bamba al exilio impuesto por los franceses a las lejanas tierras del Gabón, a finales del siglo XIX.

Retratos de Ibrahima Fall y Ahmadou Bamba.

A continuación, el grupo fue alternando temas de su nuevo trabajo con los anteriores éxitos de Lô, como “N’jarimu garab”, uno de los hits más sonados de “Bambay Gueej” (1999), su primer álbum de estudio y el inicio de la colaboración con el célebre sello inglés World Circuit. El ambiente iba caldeándose poco a poco cuando -chaqueta fuera y guitarra en mano del anfitrión- llegó la especialmente emotiva presentación del precioso “Degg gui” (“La verdad”, en wolof), que en el disco está interpretado a dúo con la brasileña Flavia Coelho y acompañado por el acordeón del francés Fixi.

Poco después llegó “Balbalou” (“Agitado”, en wolof), el segundo single que da nombre a su más reciente álbum, grabado en Suecia y síntesis de una dilatada carrera de 40 años,  y el canto por la paz en Siria, Afganistán o República Centroafricana -“Doyal Naniou”- que en el disco está acompañado por la mágica voz de la “diva del wassoulou”, la maliense Oumou Sangaré. En ambos temas el mbalax senegalés se mezcla a la perfección con la salsa, el jazz o el reggae. Y, de repente, el público presente pudo disfrutar de Lô haciendo alarde de su español interpretando algunos temas salseros, como una deliciosa versión de la celebérrima canción tradicional cubana “El carretero”.

En “Bourama” (de su anterior LP “Jamm”, “la paz”, en wolof, World Circuit, 2010), un animado Cheikh se puso al frente de la batería, y es que el artista se maneja tan bien tanto a la voz como a la guitarra o a la percusión. Y de nuevo otro himno a sus referentes espirituales: el cadencioso “Dieuf Dieul”, dicho popular wolof que significa “recoges lo que siembras”. Esta vez los homenajeados son Serigne Fallou Mbacke y Serigne Bara Mbacke -segundo y tercer califas de la Muridiya (este último, fallecido el mismo año de la publicación de “Jamm”)-, en un tema donde las cadencias jazzísticas de Elis al saxofón se mezclan a la perfección junto con las del sabar, tambor alargado típicamente senegalés percutido no con la mano sino con una baqueta.

Lo animado del ambiente no hacía pensar que estuviéramos acercándonos ya al final del espectáculo, menos aún cuando el “comandante Lô” introdujo el siguiente tema advirtiendo al público presente que “nos abrocháramos los cinturones porque el avión iba a despegar destino a Senegal”. Entonces llegó el momento de “Sante Yalla” (“Doy las gracias a Dios”), otro de sus temas más conocidos, este aparecido en su trabajo de 2005 “Lamp Fall” (World Circuit).

A estas alturas del viaje, el público que se resistía en sus asientos -el español en su mayoría, pero no solo- se incorporó casi al completo para aprovechar los últimos acordes del recital, que ponía fin con un bis dedicado, de nuevo, a la memoria de Cheikh Fallou Mbacke.

cheikh lo

Y es que, a pesar de la apariencia hippie otorgada por el colorido atuendo carecterístico de los Baye Fall y la recurrente y equivocada confusión de la forma natural que adquieren los cabellos de sus integrantes -asimilada a las mal llamadas rastas (porque, recordemos, rasta es la persona seguidora del movimiento Rastafari, no así las trenzas, que son los dread(lock)s)- y, aunque sin duda hay mucho de amor y paz en su modo vital, como suele ocurrir cuando no se conoce algo, hay mucho más allá de la pura apariencia del movimiento religioso y forma de vida Baye Fall (Yaye Fall para las mujeres), que es transformada en música por el artista senegalés, todo un talibe del mensaje de Ibra Fall, y el mejor exponente de la expansión de sus enseñanzas a través del amor que profesa a su religión. Y, por supuesto, su valor también radica en la universalidad lograda por su música como modo de expresión artística y personal.

(1) Cofradía del Islam senegalés fundada por los seguidores de Ibra(hima) Fall, compañero, amigo y discípulo de Ahmadou Bamba Mbacke, que se considera un subgrupo de la cofradía murid (o Muridiya) y se caracteriza por la sacralización del trabajo, el voto de pobreza y -en la parte estética- en la utilización de ropajes de colores (denominados “ndiaxaas”) y la prohibición de cortarse el pelo.
(2) “Cheikh”, del árabe “anciano” (o cheikha, en femenino, según la grafía francesa, ya que también podemos encontrarlo escrito como chebcheba en femenino, sheyj o shaiy, femenino sheyja o shayja), es el término en que, en el Islam, se designa a los hombres versados en religión y, más concretamente en las cofradías sufíes, al maestro espiritual.  “Ndiguel”, “fiel” en wolof, el idioma más hablado en Senegal. De ahí que su nombre completo sea Cheikh Ndiguel Lô.
(3) Del wolof, “alumno de escuela coránica” y también “discípulo de un marabú”.

 

 

 

   

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Acerca de Eva Feito Casado

Historiadora del arte especializada en culturas africanas y Máster euro-africano en “Cultura y Desarrollo en África”. Entiendo las manifestaciones culturales como productos híbridos y vivos. Me interesan la literatura, la música y la danza contemporáneas, el cine, y cómo estos reflejan las migraciones, la diáspora y la mirada femenina del mundo. Intento contribuir a la visibilización de África reflejando la creatividad del continente desde una óptica positiva.
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